Este pastel cremoso de yogur es uno de esos postres fáciles y rápidos cuya receta conviene tener siempre a mano: se prepara en apenas minutos, con pocos ingredientes, elaboración muy sencilla y admite variaciones de aroma y sabor —vainilla, limón, naranja o incluso un toque de licor—.
- ¿Tarta de yogur, cheesecake, pastel …? Qué es este postre
- Ingredientes para hacer pastel cremoso de yogur
- Elaboración paso a paso
- Consejos para que el pastel cremoso de yogur quede perfecto
- ¡También tenemos vídeo!
- Variaciones y aromas: hazlo a tu manera
- Preguntas frecuentes
- Versión exprés y… ¿me das tu opinión?
- Entre números y poesía: un corazón matemático
- Más recetas de postres fáciles

¿Tarta de yogur, cheesecake, pastel …? Qué es este postre
Lo primero que sorprende de este postre es su corte: cremoso, liso, sin burbujas. A primera vista podría parecer una cheesecake ligera, pero cuando lo pruebas notas la diferencia. Aquí el yogur griego lleva el peso de la receta, mientras que el queso va en una proporción más pequeña, la justa para darle cuerpo y untuosidad. Y la harina es mínima: solo la necesaria para estabilizar.
El resultado es un pastel cremoso y suave, aunque hay que decir que con el tiempo la textura cambia: recién hecho, templado o con poco reposo, es más blandito, tipo natillas horneadas o quesada. Pero con unas horas en la nevera, o al día siguiente, el pastel gana densidad y el corte se vuelve más firme, ahora es más parecido a una tarta de queso. Diferentes momentos, diferentes versiones de este postre. Y ambas muy ricas, te lo aseguro.
Y conviene saber algo antes de hacerlo: no es un pastel alto. Y eso es completamente normal por la poca harina que lleva: queda sin mucha altura, bien doradito por fuera y con una superficie irregular que será diferente cada vez que lo prepares. Aunque para mí, ahí está parte de su encanto junto, por supuesto, con su interior.

A continuación te cuento su elaboración paso a paso, con todos los trucos y detalles. Si lo que prefieres es una receta más resumida, te la dejo también disponible:
Ingredientes para hacer pastel cremoso de yogur
Para un molde redondo de 20–22 cm de diámetro
- 750 g de yogur griego (natural, sin azúcar)
- 250 g de mascarpone
- 5 huevos L
- 200 g de azúcar
- 35 g de maicena
- 15 g de harina
- Aroma de vainilla (o el aroma que prefieras: limón, naranja, canela…)
🕛 Tiempo de preparación: 10 minutos · 🔥 Horneado: 50–55 minutos ·
👩🍳 Dificultad: Muy fácil
Elaboración paso a paso
Antes de empezar, sacamos todos los ingredientes con antelación para que estén a temperatura ambiente. Esto es importante sobre todo en el yogur y el mascarpone: si están fríos, la mezcla no se integrará bien y pueden quedar grumos.
➀ Escurrir el yogur (muy recomendable)
Colocamos el yogur griego en un colador de malla no muy fina —o forrado con una gasa— sobre un bol y dejamos que escurra el líquido sobrante durante unos minutos.

¿Este paso es siempre necesario? Depende del yogur. Algunas marcas vienen ya muy espesas y apenas sueltan suero. Otras traen bastante líquido. Si al abrir el envase ves una capa de líquido por encima, escurre sin dudar. Si el yogur ya está compacto y denso, puedes saltarte este paso, aunque yo lo recomiendo siempre porque no se tarda nada en hacerlo y el resultado final mejora.
➁ Mezclar la base
En un bol grande, ponemos el yogur ya escurrido junto con el mascarpone.

Mezclamos con unas varillas de mano —sí, de mano, no hace falta que sean eléctricas— hasta que quede una crema lisa y homogénea, sin grumos. Añadimos el azúcar e integramos bien.

Incorporamos los huevos de uno en uno, cascándolos siempre en un bol aparte primero (por si alguno estuviera mal). Iremos mezclando suavemente después de agregar cada huevo, siempre a mano.

Con todos los huevos incorporados en la mezcla, agregamos el aroma de vainilla o el aroma elegido — limón, naranja…, más adelante te sugiero otras opciones.
Por último, incorporamos la maicena y la harina tamizadas.

Movemos de nuevo, de forma suave, hasta que no queden grumos. Repasamos el fondo y las paredes del bol, que es donde suele quedarse la harina sin disolver. Debe quedar una mezcla casi líquida, no muy densa.

Importante: no batir en exceso. Todo el proceso se hace con varillas manuales y movimientos suaves. El objetivo es integrar, no meter aire. Si incorporamos mucho aire, el pastel subirá cuando esté en el horno, pero al apagarlo se hundirá por el centro.
➂ Preparar el molde
Forramos un molde desmontable de 20–22 cm con papel de horno: tanto la base como los laterales. Esto evita que el pastel se pegue y facilita muchísimo el desmoldado. Vertemos la mezcla en el molde preparado.

➃ Horneado
Precalentamos el horno a 170–175 °C, calor arriba y abajo, sin ventilador. Introducimos el pastel a altura media-baja y horneamos hasta que esté cuajado — aproximadamente 55 minutos.
¿Cómo saber si está listo? Los bordes deben estar firmes y dorados, pero el centro debe temblar suavemente al mover el molde, como un flan recién cuajado. El pastel seguirá cuajando fuera del horno y en la nevera. Si esperamos a que el centro esté totalmente firme en el horno, el pastel quedará más seco.
Apagamos el horno y dejamos la puerta entreabierta 2–3 cm. Esperamos unos minutos para sacar el pastel, que el cambio de temperatura sea gradual. Después, ya fuera del horno, lo dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.

➄ Desmoldar y servir
Una vez que el pastel esté asentado y frío, ya podemos pasar a desmoldarlo. Y solo nos queda llevar a la nevera, si queremos que repose, o pasar a servirlo. En cualquier caso, justo antes de cortarlo, espolvoreamos sobre su superficie una fina capa de azúcar glas.

Consejos para que el pastel cremoso de yogur quede perfecto
Sobre el queso a utilizar
El ideal para esta receta es el mascarpone: aporta algo de grasa y untuosidad. Se puede sustituir por queso crema (tipo Philadelphia), pero tanto la textura como el sabor cambian un poco. El queso crema es más ácido y más firme; el mascarpone es más suave y delicado.
Sobre el horneado
La temperatura suave (170- 175°C) y el enfriado gradual son claves. Si subimos la temperatura para ir más rápido, el pastel se tostará por fuera y quedará crudo por dentro. El horno sin ventilador también ayuda a una cocción más uniforme. Y recuerda que cada horno es un mundo, por eso los tiempos y temperaturas de horneado pueden variar considerablemente de uno a otro.
¡También tenemos vídeo!
Si prefieres seguir esta receta con una explicación más visual y detallada, no te pierdas el vídeo que he preparado para ti en mi canal de YouTube.
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Variaciones y aromas: hazlo a tu manera
La receta base es con aroma de vainilla, pero puedes adaptarla fácilmente:
Con Limón
Sustituyendo la vainilla por la ralladura de un limón. El resultado es fresco y muy bueno para verano.
Con naranja
Misma idea, con ralladura de naranja. Más dulce y aromático.
Con canela
Añadiendo una cucharadita de canela en polvo integrada en la mezcla. Queda con sabor a natillas de las de antes.
Con cobertura de mermelada
Para darle un acabado más vistoso y diferente, prueba a añadir una cobertura de mermelada o un coulis casero.
Preguntas frecuentes
No lo recomiendo. El yogur natural tiene bastante más agua y menos grasa. El pastel quedaría más húmedo y blando.
Puedes, pero de nuevo te diría que el resultado final será distinto en textura. Si quieres probar, sustituye por más yogur griego (muy escurrido) y añade un poco más de maicena, pero ten en cuenta que el corte no será tan limpio.
Sí. Sustituye los 15 g de harina por la misma cantidad de maicena y el pastel queda prácticamente igual. Eso sí, asegúrate de que la maicena y el resto de ingredientes sean aptos para celíacos (revisa las etiquetas).
Un molde circular desmontable de 20–22 cm de diámetro es el ideal para esta receta. Pero si no tienes uno así, puedes usar otros moldes de volumen equivalente sin modificar las cantidades de ingredientes:
Molde cuadrado de 20 cm: equivale prácticamente a un redondo de 22 cm. Mismo tiempo de horneado. El resultado será igual de bueno, solo cambia la forma.
Molde rectangular de 20 × 15 cm: volumen similar. Quedará un poco más alto que en el redondo; añade unos minutos extras de horno.
Si la diferencia de tamaño con tu molde es grande (por ejemplo, un molde de 24 cm o más), tendrás que ajustar las cantidades de ingredientes proporcionalmente, o el pastel quedará demasiado bajo.
No. Esta receta necesita horneado para cuajar. Si buscas un postre de yogur frío, es otra receta diferente. Eso sí, si lo que te apetece es una tarta sin horno, echa un vistazo a mi tarta de queso fría y sin horno: cremosa, fácil y sin encender el horno.

Versión exprés y… ¿me das tu opinión?
Pastel cremoso de yogur
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Ingredientes
- 750 g de yogur griego natural, sin azúcar
- 250 g de mascarpone
- 5 huevos L
- 200 g de azúcar
- 35 g de maicena
- 15 g de harina
- Aroma de vainilla o al gusto
ELABORACIÓN
Escurrir el yogur
- Colocar el yogur en un colador sobre un bol y dejar escurrir unos minutos.
Mezclar la base
- Mezclar con varillas de mano el yogur escurrido y el mascarpone hasta obtener una crema lisa. Añadir el azúcar e integrar. Incorporar los huevos de uno en uno, mezclando suavemente después de cada uno. Añadir el aroma. Por último, incorporar la maicena y la harina tamizadas y mezclar hasta que no queden grumos.
Preparar el molde
- Forrar un molde desmontable de 20–22 cm con papel de horno en base y laterales. Verter la mezcla.
Horneado
- Hornear a 170–175 °C, arriba y abajo sin ventilador, durante 50–55 minutos. Listo cuando los bordes estén firmes y el centro tiemble ligeramente. Apagar el horno y dejar la puerta entreabierta 2–3 cm unos 15–20 minutos. Sacar y dejar enfriar completamente.
Servir
- Desmoldar y espolvorear con azúcar glas antes de servir.
Entre números y poesía: un corazón matemático
Sofia Kovalevskaya y Karl Weierstrass, dos grandes matemáticos del siglo XIX. se decían en su correspondencia que no se puede ser matemático sin tener alma de poeta. Y no puedo estar más de acuerdo con ellos en esta idea.
Durante mucho tiempo, las matemáticas se han visto como algo abstracto, lejano o incluso inútil fuera de un aula. Y, sin embargo, están presentes en casi todo lo que nos rodea: en la razón áurea, esa proporción casi mágica que aparece en la espiral de una concha, en los pétalos de un girasol y que Leonardo trazó en sus obras buscando la armonía perfecta; en los fractales, esos bonitos patrones que la naturaleza repite a distintas escalas, por ejemplo, en los copos de nieve; en la música, donde el ritmo y la armonía responden a modelos numéricos; en el arte, donde la simetría, la perspectiva y la composición son matemáticas puras; y, por supuesto, también en la cocina, porque más allá de cantidades y números, observar, probar y buscar siempre una forma mejor de hacer las cosas es también pensar en matemático.
Quizá por eso, uno de los mayores retos para quienes amamos las matemáticas no es ya tanto demostrar su utilidad —que es incuestionable—, sino hacer visible su belleza y ser capaces de transmitir nuestra forma de mirarlas, sentirlas y quererlas. Como lo consigue un músico con su melodía, un pintor con sus cuadros o, como decían Kovalevskaya y Weierstrass, un poeta con sus versos.
Sobre lo que considero una forma imprescindible de mirar al futuro —con esperanza—, decía Tales de Mileto: “La esperanza es la posesión humana más universal”. Con un lema inspirado en esta idea, «Matemáticas y esperanza», se celebró el pasado 14 de marzo el Día Internacional de las Matemáticas. Por cierto, Tales, además de matemático, era filósofo —y es que matemáticas y filosofía están muy unidas y relacionadas en origen y propósito: ambas buscan comprender y dar sentido.
La historia de las matemáticas está llena de hombres a los que admiro, pero en mi corazón matemático ocupan un lugar especial Hypatia de Alejandría, Ada Lovelace, Sofia Kovalevskaya, Sophie Germain, Emmy Noether y Maryam Mirzakhani, entre otras. Son algunas de mis #mujeresqueinspiran, grandes mentes matemáticAs que fueron abriendo camino en un mundo que no era precisamente fácil para las mujeres. Por supuesto, hay y habrá muchas más. Mi sincera admiración hacia todas ellas y, cómo no, también hacia los hombres que supieron verlas y apoyarlas.
Solo me queda ya invitarte a cocinar este pastel de yogur — que es una delicia — y, cómo no, a escuchar a tu corazón matemático💓. Si quieres acompañar el momento con buena música, va perfecto el corazón el poeta, preciosa canción de Jeannette.



