Ni que decir tiene que las croquetas son uno de los platos más celebrados en casa y es que, en general, todo lo que pueda llamarse croqueta o parecerse a ella triunfa con los míos.
Y tengo que reconocer que para mí también son una debilidad, disfruto tanto cocinándolas como comiéndolas. En parte, porque siempre que las preparo recuerdo con mucho cariño cuando mi madre las cocinaba: me llamaba para que rebañase la bechamel que quedaba en la cazuela…. ohhh, que cosa más rica, ¡no puedo olvidar ese maravilloso sabor!
No creas que es difícil conseguir unas buenas croquetas. Mi madre las hacía a ojo, sin pesar ingredientes y siempre las dejaba perfectas, de hecho, para mí las suyas siguen siendo las mejores. Yo, a base de pruebas, he fijado ya unas proporciones para la bechamel que son las que suelo seguir, y también he aprendido algunos tips que me ayudan a conseguir unas croquetas que no se abran, cremosas por dentro y crujientes por fuera. Estos son mis imprescindibles al elaborarlas :
➤ Consejos para la masa de las croquetas
Aunque se pueden ajustar y variar un poco las cantidades en función de la textura que busquemos, no hay que alejarse mucho de las proporciones iniciales que indica la receta: es importante conseguir una masa con una buena consistencia, cremosa, pero a la vez manejable a la hora de dar forma.
También es recomendable preparar la masa con suficiente antelación, unas horas antes de que las vayamos a freír o, mejor aún, siempre que podamos, el día anterior. Lo ideal es que la masa no esté caliente y haya reposado, así estará más firme.
➤ Consejos para el empanado
La masa de las croquetas no debe estar muy fría, así que conviene sacarla del frigorífico un ratito antes de empezar a empanarlas.
Lo más tradicional es pasar por las croquetas por harina, huevo batido y pan rallado, pero para un exterior aún más crujiente, yo a veces sustituyo la harina por pan rallado. Es decir, hago un empanado de pan rallado, huevo y, de nuevo, pan rallado.
➤ Consejos para la fritura
Hay que utilizar abundante aceite que, antes de introducir las croquetas, debe estar bien caliente, aunque no humeante. Además, para que no se abran, hay que intentar mantener esa temperatura durante el cocinado, así que yo suelo usar una sartén honda y no muy ancha, y freír las croquetas por tandas y sin amontonarlas.
Y según vayamos sacando las croquetas de la sartén, las iremos colocando en un plato sobre papel absorbente, para que eliminen el exceso de aceite y servirlas bien crujientes.
Y ahora que conocemos ya lo más importante para ponernos a cocinarlas, vamos con unas cuantas recetas de croquetas. Porque siempre es buena idea ir variándolas: podemos prepararlas con carne, pescado, marisco, verduras… y muchos otros ingredientes. Te cuento cuál suelo elegir yo en cada caso.
Para acertar siempre: croquetas con carne o jamón
Croquetas de jamón
Empiezo por las favoritas de los míos. Las he preparado muchas veces y he ido haciendo algunos cambios en mi receta inicial hasta dar con la versión que suelo preparar ahora, en la que les pongo, además de leche, un poquito de caldo para darles más sabor.
Las proporciones de ingredientes que utilizo para la masa: 35 ml de aceite, 35 g de mantequilla, 50 g de harina, 20 gr de maizena, 200 ml de caldo, 500 ml aprox. de leche, 150 g de jamón; también le añado cebolla muy picadita, sal y nuez moscada. Aquí puedes ver la receta completa:
Croquetas de pastor
En el interior de estas croquetas se combinan carne, setas, jamón y huevo cocido. Aunque son, en realidad, una receta de aprovechamiento, pensada para dar salida a los restos de carne que nos han sobrado de otros platos. Y tienen mucho margen para adaptar: se puede cambiar el tipo de carne y añadir o quitar ingredientes según lo que tengamos en la despensa o en la nevera.
Bitterballen
Saliendo de nuestras fronteras encontramos las bitterballen. Son típicas de los Países Bajos y no sé si es del todo exacto decir que son unas croquetas, pero al menos son bastante parecidas: también tienen un relleno cremoso y se empanan y se fríen igual. Sus diferencias: en lugar de leche llevan caldo de carne, la masa se enriquece con una yema y un poco de queso, y suelen ser redonditas. Merece la pena probarlas.
Para que coman pescado o marisco
Croquetas de merluza y gambas
Dejamos atrás la carne para combinar en una croqueta unas gambas que dejan sabor, un pescado cocinado en la bechamel y un doble empanado muy crujiente. Están ricas siempre pero, sobre todo, yo las suelo poner como entrante en reuniones familiares, especialmente si hay niños en la mesa.
Croquetas de gambas al ajillo
Si las gambas al ajillo están ricas por sí solas, imagínate convertirlas en unas croquetas. Estas croquetas saben a una de las tapas españolas más reconocibles y resultan perfectas para quienes disfrutan del marisco y quieren probarlo de diferentes maneras.
Para cuando no queremos bechamel
Croquetas de calabacín
Una opción distinta: croquetas sin bechamel y sin esperar a que la masa enfríe. Estas croquetas de calabacín son una rica forma de aprovechar el calabacín y de ampliar nuestro recetario de croquetas.
Y para terminar nuestra selección de recetas de croquetas, un extra acompañado de una pregunta: ¿además de las croquetas te gustan las empanadillas? Porque entonces no puedes dejar de probar los rissois portugueses: podríamos decir que son una mezcla de ambas. Con un interior de bechamel cremoso, una masa parecida a la de las empanadillas y un empanado y fritura como el de las croquetas, ¡son un bocado tan curioso como delicioso!







